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LA TRAGEDIA DE SANTOMERA

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santomera

Artículo escrito por Jesús Núñez y publicado en la Sección "Historia y Cultura" de la Revista profesional "GUARDIA CIVIL", núm. 667, correspondiente al mes de noviembre de 1999, págs. 76-79.

En la madrugada del 26 de septiembre de 1906 se produjeron unas terribles inundaciones en la pequeña localidad murciana de Santomera que causaron 27 muertos, 40 heridos, la destrucción de 300 casas y la pérdida de la cosecha de ese año. Los componentes del puesto de la Guardia Civil serían recompensados por el rey Alfonso XIII en reconocimiento a su benemérita labor.

Introducción.

El Levante español siempre ha sido escenario de fuertes inundaciones que han traído la tragedia y la desolación. Si hoy en día sus efectos son impresionantes, ya puede imaginarse el lector como se vivirían en una época en la que no existían los medios de comunicación, transporte, apoyo, auxilio, evacuación y atención sanitaria con que se cuenta actualmente.

Entonces era normal que hasta pasados los primeros días no se recibiesen las principales ayudas y refuerzos de las poblaciones más cercanas siendo por lo tanto todavía más patente la acción benemérita de los puestos de la Guardia Civil. En la mayor parte de los casos se convertirían en su primera fuente de socorro y consuelo.

A mediados de la última semana del mes de septiembre de 1906 se desencadenó en la región levantina un violento temporal que duró varios días. Empezó con tal virulencia que desde el primer día de lluvias el servicio de trenes quedó interrumpido en muchos puntos.

En Murcia la huerta quedó inundada y el río Segura subió cuatro metros del día 25 al 26. En su crecida fue devastando plantaciones, arrastrando animales, carros, utensilios de labranza y destruyendo molinos y casas.

El pueblo que más sufrió fue el de Santomera situado a pocos kilómetros del norte de la capital murciana. Contaba entonces con poco más de 1.500 habitantes que vivían principalmente del cultivo de pimientos.

Por tal motivo se había ido terraplenando una antigua rambla que servía de desagüe a las lluvias con el objeto de aumentar el área de sembrado. Por esta razón el extraordinario caudal aportado en esta ocasión por las lluvias no pudo encontrar escape suficiente e inundó trágicamente la parte baja del pueblo.

La Guardia Civil de Santomera.

En septiembre de 1906 la Guardia Civil murciana estaba encabezada por el coronel Nicolás Hernández Raimundo, subinspector del 15º Tercio con residencia en la capital. Dicha unidad estaba integrada por las Comandancias de Murcia, Alicante y Albacete.

La de Murcia, clasificada de 1ª categoría, era mandada por el teniente coronel Emilio Ruiz de Alejos y Gallego. Estaba constituida por 3 compañías de infantería con residencia en Cartagena, Cieza y Lorca así como por 1 escuadrón de caballería ubicado en la capital.

La plantilla estaba constituida por 2 jefes (1 teniente coronel y 1 comandante), 18 oficiales (5 capitanes, 8 primeros tenientes y 5 segundos tenientes),313 hombres de infantería (14 sargentos, 40 cabos, 9 cornetas, 25 guardias 1º y 225 guardias 2º) y 114 de caballería ( 5 sargentos, 11 cabos 1º, 4 trompetas, 9 guardias 1º y 85 guardias 2º).

El puesto de Santomera, protagonista de esta historia, estaba mandado por el cabo Clemente Sánchez Martínez, el guardia 1º Antonio Fernández Pujante y los guardias 2º Manuel López López, José Ruiz Linares, Francisco Zapata Hernández y Tomás Jiménez Salinas.

La tragedia.

Era cerca de la una de la madrugada del día 26 de septiembre cuando el sereno municipal Julián Candel Campillo empezó a dar la voz de alarma y avisó al alcalde y al puesto de la Guardia Civil.

Sin embargo la rapidez con la que se desarrollaron los acontecimientos no dio tiempo a evacuar a la población. Al poco rato las aguas alcanzaban medio metro de altura y a las diez de la mañana habían subido hasta más de tres metros.

El agua fue arrastrando a su paso todo lo que encontraba no respetando personas, animales ni cosas. Las viviendas se desaplomaron sobre sus moradores muriendo muchos de ellos sepultados o ahogados.

Afortunadamente cuando la situación era totalmente desesperada el nivel del agua comenzó a descender gracias a que el muro de una de las huertas que estaba sirviendo de presa de contención terminó por derrumbarse y el hueco dejado sirvió como desagüe.

Aún a pesar de ello la catástrofe fue terrible: 27 hombres, mujeres y niños fallecidos, otros 40 más resultaron heridos de diversa consideración, cerca de 300 casas fueron arrasadas y se perdió toda la cosecha del año.

El cabo Sánchez al frente de sus guardias organizó inmediatamente junto al alcalde las primeras tareas de auxilio y rescate de las víctimas. Durante toda la noche y mañana siguiente estuvieron evacuando y trasladando a lugares seguros a aquellos vecinos que se habían quedado aislados por el agua.

Los días siguientes fueron más penosos todavía ya que los dedicaron sin descanso apenas a la búsqueda y rescate de los cadáveres, alguno de los cuales todavía se encontraban sumergidos en el agua o en el lodo.

Las primeras ayudas.

Cuando la noticia llegó a la capital partieron en su auxilio fuerzas de la Guardia Civil, bomberos y de la Cruz Roja procedentes de la capital. Por la tarde llegarían el gobernador civil acompañado del teniente coronel primer jefe de la Comandancia, el alcalde de Murcia y varios diputados provinciales.

Mientras tanto el alcalde de Santomera, Joaquín Borreguero, auxiliado por los hermanos Antonio y Santiago Murcia había empezado a socorrer a las víctimas con dinero y ropas.

La noticia de la tragedia se extendió rápidamente por toda España. Junto a numerosos periodistas y reporteros gráficos fueron llegando alimentos y ropas. En los días siguientes se repartirían más de 1.500 raciones diarias de manutención consistentes en pan, arroz, habichuelas y carne.

El propio rey Alfonso XIII enviaría a su propio Ayudante de Órdenes, el coronel de Infantería Enrique Fernández Blanco, al objeto de recabar información directa de lo sucedido y poder llevar ayuda y consuelo a las víctimas.

Llegaría el día 29 y acompañado del alcalde y de fuerzas del puesto de la Guardia Civil visitó detenidamente el pueblo tomando nota personalmente de los daños causados y de las necesidades que se padecían. Al marcharse fue despedido por numerosos vecinos entre gritos de aclamación al rey.

El obispo de Murcia, Vicente Alonso Salgado, procedió por su parte a movilizar a todas las autoridades y representantes de las fuerzas vivas de la capital con la intención de recaudar y distribuir ayudas para los damnificados.

Las damas de la Cruz Roja presididas por la marquesa de Rioflorido organizarían también diversas comisiones para recorrer en postulación las casas de la capital y reunir así millares de prendas de vestir y poder repartirlas entre los necesitados.

La verdad es que todas las instituciones públicas y privadas de la provincia se esforzaron en colaborar en los diversos planes de ayudas y reconstrucción.

Felicitaciones y recompensas.

El teniente general Joaquín Sánchez Gómez, Director General del Cuerpo, felicitaría por escrito y con anotación en sus respectivos historiales, al cabo comandante del puesto y a todos sus guardias.

Dicho reconocimiento saldría publicado en el número 833 de fecha 1 de enero de 1907 del Resumen de Servicios de la Guardia Civil, antiguo antecedente histórico del actual boletín oficial del Cuerpo.

La ejemplar y benemérita actuación de los componentes del puesto de Santomera sería finalmente recompensada en nombre del rey Alfonso XIII por el ministro del Ejército, Fernando Primo de Rivera y Sobremonte.

El 10 de junio de 1907 el Director General del Cuerpo, tras recibir los correspondientes informes sobre la meritoria labor de los componentes del puesto en aquella trágica noche y días siguientes había elevado la pertinente propuesta de recompensa para todos ellos.

El número 15 de fecha 16 de julio de 1907 del Semanario Oficial de la Guardia Civil (siguiente antecedente histórico del B.O.C.), reproduciría una real orden de 5 de julio publicada en el Diario Oficial del Ejército número 146 en la que al cabo Sánchez, al guardia 1º Fernández y al guardia 2º López se les concedía la cruz de plata del mérito militar con distintivo blanco pensionada vitaliciamente con 2 pesetas y 50 céntimos mensuales.

A los guardias 2º Ruiz, Zapata y Jiménez les serían otorgadas las mismas condecoraciones pero sin que estuvieran pensionadas.

Han transcurrido más de 90 años desde aquella tragedia y por desgracia se siguen produciendo de vez en cuando terribles inundaciones motivadas por fuertes temporales de lluvias y crecidas de ríos.

Afortunadamente con el paso del tiempo han mejorado los medios para evitar y paliar sus efectos, pero nuestros guardias civiles siguen siendo de la misma madera que aquellos del puesto de Santomera que supieron cumplir con el artículo 6º de la primera Cartilla : ser un pronóstico feliz para el afligido y que el que viera a su hijo arrastrado por las aguas lo creyese salvado.

Bibliografía.

Revista Nuevo Mundo del mes de octubre de 1906.

Anuario Militar de España, años 1906 y 1907.

Resumen de Servicios de la Guardia Civil, año 1907.

Semanario Oficial de la Guardia Civil, año 1907.

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